Unidad y diversidad de las energías cósmicas y humanas
La mayoria de las personas están tan absortas en la
contemplación del mundo exterior que son totalmente
ajenas a lo que está pasando dentro de sí mismas.
Nicola Tesla
El alma del mundo es una energía viva que atraviesa todas
las cosas.
Plotino Enéadas (siglo III dC)
Henry Tovar
Es cosa conocida, el insuficiente interés mostrado por buena cantidad de científicos, en conocer más sobre los misterios de la energía psíquica, sus transformaciones y las potencialidades humanas[P1] . A la ciencia le ha importado mucho conocer cosas allende en los innumerables y desconocidos universos o aquende en las profundidades más inconcebibles del mar. Menor curiosidad por lo referente y lo aconteciente en psique. Tampoco por prácticas humanas espontaneas o no, causantes de inmenso asombro, fascinación, espanto o mudez, por motivos o resultados de tal práctica o de tal fenómeno no explicado, con adecuado o verosímil criterio de racionalidad. Tal es el caso de ciertos fenómenos y algunos eventos numinosos o ciertamente sagrados, conforme a las apreciaciones del teólogo e historiador Rudolf Otto[WSL2] ; para quien lo numinoso es una experiencia no-sensorial y no-racional o sentimiento cuyo objeto primario e inmediato está más allá del sí mismo.[1]
Sin querer contrariar la elevada concepción de lo sagrado, cónstanos, que algunas experiencias extraordinarias de vida, pudieren parecer hechos divinos, si acaso no fueren éstas propiamente tales, sino hallazgos humanos de natural observación o estudio. Son casos vulgares, por conocidos, el llamado “mal de ojo o los fenómenos de la telepatía.[2] Son ineludibles de mencionar, los conocidos casos transformación inusitada de un estado anímico en su estado contrario, o más habituales los casos de transformación de determinados estados de salud, inducidos por la recitación de oraciones, por ciertas personas y bajo ciertas condiciones de rigor y disciplina.
Un rastreo documental, en disímiles literaturas, haría bien evidente la profusión testimonial de casos, tanto como el mayoritario desinterés o desprecio de carácter positivista, por reflexionar conceptos no sancionados por la ciencia. Pareciera existir escaso interés en los ámbitos académicos, por progresar en el estudio de la psicología profunda. Ampliar su horizonte de estudio, sería la primera condición para ahondar en las complejidades de lo inconsciente.[3]
Este tema de lo inconsciente merece más que una cátedra o círculos de estudios de eruditos, como los existentes en Europa y en muchos lugares de las Américas dedicados a diseminar estos conocimientos, y particularmente la obra de Carl Gustav Jung. Nuestro interés y fascinación por la obra de este médico de almas, y nuestro andar por esta vida, nos ha conducido a expresar algunos reparos, nada despreciables, a la luz del entendimiento de algunas leyes de la física y de innúmeros saberes de hombres comunes, de otros poco comunes y de mortales extraordinarios de la ciencia.
Con igual convicción, intuimos verdades subyacentes en los conocidos planteamientos de Carl Jung[P3] [P4] sobre la irradiación de energía en toda materia substancial e insustancial; con base en las ideas e imágenes formadas la mente o el sentir de los hombres. Esta afirmación, no sería contradictoria con el concepto de imagen, utilizado de modo frecuente por el psicólogo suizo para referirse a una imagen como tal o a una idea o a un sentimiento, traducido consecuentemente, no siempre en palabras.
No es poca cosa decir, que toda la realidad emana energía, [4] lo cual sería suficiente para protegernos de nuestras palabras y de pensamientos propios y ajenos.
Nada racional y diferente del Big B ang puede decirse sobre un origen distinto de la energía y la relación evolutiva de sus formas existentes en el universo. Nada conocemos en conjunto sobre sus conexiones “hiloariadnas,” origen anterior a la numinosa explosión y su entrelazado progreso y diversidad. Sólo sabemos, con plenitud, lo antedicho por Albert Einstein sobre la potencialidad energética de la masa y viceversa. La materia sería, potencialmente, energía y derivada de ella. Esta propiedad o ambivalencia es nominada como la naturaleza dual de la materia. De modo transitorio toda posible forma de energía, de modo potencial, sería una fuerza modificable, modificadora, conservable e indestructible,[5] como ocurre con las diversas expresiones de las energías humanas, tan cercanas y extremas como pudieren ser las antípodas del amor y del odio, cada una de las cuales y todas las imágenes[6] arquetípicas de la psique, conocidas o no, tendrían sus singularidades e intensidades o gradaciones.
Hasta ahora, sólo podemos aproximarnos a mayores saberes de los divinos misterios de la energía. Divinos, por grandiosos, alucinantes y provenientes de una nada. Conocimientos matemática y racionalmente explicables o aceptables. Sin dejar de ser misterios. ¿Cómo se puede llamar al paradigma predominante, conforme al cual la energía y la materia existente en el universo hayan surgido de un punto equivalente a la cabeza de un alfiler? Esta posibilidad matemática, confirma la fórmula de Einstein sobre la potencialidad material de la energía y viceversa, proclama también la existencia de fuerzas inconmensurables. ¿Explicación cosmológica o cosmogónica? Razón podrían tener quienes, con explicaciones fundadas en sereno y matemático juicio, suponen la existencia de partículas elementales, poseedoras y comparables con los poderes de Dios, categoría filosófica tan metafísica y oficiosa como las magnitudes numéricas incluidas la del cero.
La unicidad de la energía humana, con relación a las otras existentes en el cosmos, y junto con ella, las distintas convivientes en el alma, dificultan su auscultación. Las humanas energías parecen fuerzas superiores, sutiles e imponderables. Ninguna de sus probables propiedades físicas, serían comparables con cualquier tipo de energía. La suya sólo parece semejante con las facultades atribuibles a un creador, al Creador. Sólo podemos verificar la existencia de atributos observables, y tal vez medibles, en las potencias humanas como el amor, la inteligencia o la razón. ¿Podríamos intuir en ellas, la existencia de variables longitudes de onda? Consignaciones humanas, frecuentes y comunes explicaciones, y aun certezas psicológicas sobre las buenas y las malas energías, evidenciarían probables formas de existencia y desplazamiento de los humanos bríos. Lo posible y lo necesario es no ignorar ni negar lo demasiado evidente: La energía humana, como una forma particular de fuerzas existentes en estas coordenadas y rincones del universo.
[1] "LA IDEA DE LO SAGRADO. Título original: Das Heilige. Título de la edición española: Lo Santo: Lo Racional y lo irracional en la idea de Dios. Rudolf Otto. Traductor: Fernando Vela. Alianza Editorial, S. A, Madrid, 1996.
[2] La Telepatía
[3] “Lo inconsciente no es lo desconocido sin más. Por una parte es lo desconocido psíquico, es decir, todo aquello que suponemos que si llegara a la consciencia no se diferenciaría en nada de los contenidos psíquicos que conocemos (…) Lo inconsciente, así definido, describe una situación sumamente incierta: todo lo que sé pero en lo que momentáneamente no pienso; todo aquello de lo que en otro tiempo fui consciente, pero ahora he olvidado; todo lo que es percibido por mis sentidos pero en lo que no repara mi consciencia; todo lo que pienso, siento, recuerdo, quiero y hago sin intención y sin prestar atención; es decir inconscientemente.” (p.186). Carl G. Jung. LA DINÁMICA DE LO INCONSCIENTE Vol. 8 Obra Completa 2011. Editorial Trotta S.A. Madrid.
[4] BUSCAR EN JUNG Y DESARROLLAR
[5] Estos supuestos permitirían reflexionar sobre sus derivaciones, tanto en la totalidad de la psique, como en los diversos sentimientos y emociones, universalmente conocidos.
[6] Un ejemplo son las posibles formas del amor, clasificadas en 1973 por el psicólogo canadiense John Alan Lee en el libro The Colors of love.

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