Afanes humanos de este blog

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La concepción de Dios como un contenido psíquico dotado de autonomía, lo convierte en un problema moral…Si dejáramos fuera de juego lo divino y habláramos solo de contenidos autónomos, permaneceremos en lo correcto intelectual y empíricamente…Este poder superior es lo que ha obligado a los hombres de todas las épocas a concebir lo más impensable y aún a imponerse los mayores sufrimientos para dar respuesta a esos efectos.


            Carl Gustav Jung 


                                                                                                                                                                         

Henry Tovar 


Un médico suizo, de edad inmemorable, desconfiando de la religión, descubrió que Dios es una imagen ingénita en la psique del hombre; un arquetipo universal del bien, del amor y del poder existente en cada hombre, como habitante de su misteriosa y ubicua psique; una imagen cargada de energía: un Complejo Autónomo, personal e impersonal, por su relación única y disímil con ella, pero, accesible a cada persona, desde un íntimo y autentico acto de fe. Descubrimiento no refutado, hasta ahora, dentro del reciente acervo de conocimientos de la todavía joven psicología. Desde ésta, desde la física, la biología -y aún- desde los registros casuísticos del misticismo, existen quienes presumen a la energía humana, como algo indistinto de algunas de las energías existentes del universo. Por eso sería comprensible la idea conforme a la cual Dios pudiere ser uno de los posibles nombres de Dios. La naturaleza energética de la imagen de Dios, la Imago Dei, admitiría conjeturarle como una forma de energía, tal vez la parte de más importante de una totalidad de energías cósmicas. Visto así, es imprescindible o lícito mencionar la palabra la sagrada, sin conjeturar si ella es una imagen creadora del hombre y del universo.

Una finalidad de este afán documental y testimonial, es la reflexión humanística, por imparcelada, en torno a saberes colectivos y vivencias de talante interior, dentro de un proceso de aproximación hacia verdades, algunas de cuyas aristas se revelan en indeterminada cantidad de contenidos, asociados con el tema cardinal del alma.

Incluimos, en este prontuario, algunos testimonios ajenos y numinosos, provenientes de personas de nuestra indubitable credibilidad. Los incluimos aquí por su valor casuístico, expresados además con autenticidad patética, consecuencia de circunstancias racionalmente inexplicables, motivos por las cuales no dudé en compartirlos como parte de mis propias experiencias de vida. Uno de ellos, el recuerdo de un testimonio de mi madre, quien lo narró siempre, como el caso asombroso de un milagro, tal vez cotidiano, como luego, con desprejuiciada libertad, lo explicaremos.

A pesar de la predominante finalidad divulgativa de estos testimonios, resulta difícil describir y reflexionar sobre ellos, sin categorizar; sin unas mínimas referencias relacionadas, en este caso, con la psicología analítica, superada, como se sabe, la primera y confinada concepción de lo inconsciente y de la validez relativa de concepciones sobre los sueños, centradas esencialmente en la sexualidad.

El impulso por reflexionar sobre estos temas estuvo centrado, inicialmente, en el fenómeno energético subyacente en los sueños, en la presencia ostensible de los complejos en el comportamiento y en la expresión de diversos eventos numinosos, temas imposibles de abordar, sin la comprensión esencial de algunas categorías analíticas asociadas con los mitos, sus símbolos y el alma humana, entre otros conceptos; comprensión y explicación sin la cual, es imposible, una debida o verosímil argumentación psicológica.

Es conocida, en el campo de la psicología analítica, la imposibilidad de abordar el estudio de los problemas psíquicos, al margen del concepto o de las apreciaciones sobre el espíritu y el alma humana, como cualidades de la investigación clínica y social, fenómenos de los cuales se percató Carl Jung, cuando, tratando de ajustarse al método científico, en las ciencias naturales, descubrió que sus observaciones y reflexiones desbordaban ese marco y entraban en el terreno de la filosofía, la teología, el estudio comparado de las religiones, y la historia de las ideas en general.

Es importante considerar la realidad unitaria del conocimiento; necesariamente fragmentable para el análisis. No ha así, para la síntesis de conclusiones verosímiles. Quien busca verdades no debería ignorar el valor de la interrelación de la vida toda. Los misterios deberíamos iluminarlos no sólo con conceptos y registros documentales, sino a la par con la comparación infronteriza de los fenómenos, allí donde fuere posible: en las cavernas, en la memoria de las piedras, en las huellas presentes del Big Bang, en el habla cotidiana, en los sueños, en las revelaciones del amanecer. La expresión “consultarlo con la almohada”, es un ejemplo del profundo significado y valor de la información suministrada por lo inconsciente, instancia superior de la psique.

A la diversidad teórica existente en el campo diverso de la psicología profunda (Freud, Jung, Adler) deben añadirse las complejidades teóricas correspondientes a esta especialidad, dentro de la cual se verifica la dificultad de penetrar en la descripción de lo normalmente invisible y su relación, además, con significaciones abstractas y subjetivas. Luego, la casi imposible narración de acontecimientos numinosos y eventuales; a los cuales se suma la pluralidad de los temas, cuales fueron parte de las dificultades paralelas, al trabajo más importante de los forjadores de la psicología profunda, como es la relación clínica con las peculiaridades de sus pacientes.    

Reflexionar sobre la racionalidad de fenómenos asombrosos, físicos-espirituales, de aparente o real carácter numinoso, requiere consignar lo sabido y establecer puntos de encuentro entre las diversas aristas del pensamiento diverso. No nos basta, en nuestro caso, con el testimonio personal. Es menester considerar lo sabido y cómo ese testimonio se inscribe en la búsqueda del conocimiento y por consecuencia, en la necesaria reflexión gnoseológica. Parece conveniente entonces, mirar, rastrear asombros e interpretaciones desde variadas concepciones del mundo. Y por supuesto, no sólo desde nuestros valores y nuestro propio mundo. Dadas las finalidades apuntadas al principio, hemos comenzado por los más legítimos argumentos de campo alguno como lo son los de las filosofías, y de modo particular desde la historia de la filosofía. Desde un concepto amplio de ella y desde todos los vértices a partir de los cuales es posible y necesario preguntar, para reflexionar.

El interés subyacente en este repreguntar, es la necesidad de revalorar la importancia de los procesos inconscientes en el conocer y en el desarrollo de la cultura. Se sigue insistiendo, acerca de la importancia de la conciencia como centro y fuerza directiva de la psique del hombre, ignorando, en muchos casos, los impulsos condicionantes de ella. La conciencia es el deseable baluarte de la razón, para el uso del buen juicio, el ejercicio de la libertad personal y de las posibilidades del dominio de los impulsos y las energías humanas. Pero deberíamos comulgar en cuanto a conocimientos sustantivos de ella, tanto como conocer, más profundamente, sobre las potencialidades y las amenazas de los procesos inconscientes: personales y colectivos.

Por de pronto, nos limitaremos a señalar, nuestro similar interés por reflexionar, sobre la afinidad entre la energía psíquica, en particular, con relación al comportamiento de la energía proveniente de la materia en general, considerando, como lo señaló, el psicólogo suizo, que la psique no es un caos y en segundo término su optimista conclusión, conforme a la cual: “Tarde o temprano la física atómica y la psicología llegarán a aproximarse de modo significativo, pues ambas, independientemente y desde lados opuestos, asedian al ámbito trascendental.” 


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