Los saberes filosóficos o las filosofías


Las universidades han cesado de actuar como fuentes de luz. La gente está saciada de la especialización y del intelectualismo racionalista. Quiere oír acerca de una verdad que no estreche sino ensanche, que no oscurezca sino ilumine.


                                                                                                            Carl G. Jung 


Henry Tovar   


         

Retratar y comprender el pensamiento filosófico, y la diversidad de las filosofías, implica comprender sus propósitos primigenios; distinguir sus diversos momentos y explicar sus finalidades contemporáneas. Asimismo, reflexionar sobre ellas constituye, conforme a su modo de desplegarse, el ejercicio de preguntar y responder sobre sus alcances, el rigor de los conceptos utilizados y los métodos convenientes para aproximarse al conocimiento de su ser y de inquisiciones ajenas. Caben, dentro de los asuntos de estas entidades, la reflexión sobre el origen del mundo y las peculiaridades de la naturaleza, sus variaciones, los significados y potestades de Dios, las razones de la religión, la reflexión sobre los valores y la conducta humana y sobre las posibilidades y el alcance del conocimiento.

Definido el problema filosófico, cuya esencia y aspiración es el saber y el conocer, pareciera formalmente cierto decir que, lo filosófico concierne solo al ejercicio de la razón para la búsqueda de la verdad con la exclusión de otros modos de acceder a la búsqueda de ella. Y solo serían filósofos, quienes, con diversos métodos y lógicas, para razonar, llegan a conclusiones, razonables. Estas consideraciones son propias de la filosofía occidental. Conforme a ella, la filosofía habría nacido en Grecia. Este dictamen y este modo de considerarla pareciera excluir la posibilidad de la existencia de formas distintas de acceder al conocer y a las verdades. Esta perspectiva filosófica pareciera priorizar el modo de acceder a la verdad, por sobre la verdad misma, atendiendo sólo el ejercicio de la razón, sus métodos y poco a sus posibilidades transformadoras del ser humano, conforme a otras intencionalidades de pretéritas o arcanas sabidurías orientales, según algunos de sus ideales y renombrados significados.  

En sus orígenes, la filosofía occidental abordaba la explicación de todos los fenómenos de la realidad física y espiritual. En ella confluían todos los saberes y a todos dispensaba su explicación. Con el desarrollo particular de las ciencias naturales y de las ciencias de la cultura y la sociedad, la filosofía redujo y sistematizó sus finalidades al estudio de los aspectos más generales y profundos de la vida del hombre. Actualmente, las corrientes filosóficas más importantes constituyen complejos aparatos epistemológicos con los cuales se aborda el estudio de problemas lógicos y gnoseológicos, vinculados con múltiples aspectos de la realidad cultural y psicofísica del hombre. Desde esta perspectiva cobran mayor sentido los saberes filosóficos que tienen como Alfa y Omega los problemas esenciales de la naturaleza, y dentro de ella, el hombre y el cosmos; las preguntas más significativas en torno al sentido y el origen de la existencia. Aquellas en torno a los cuales no existen visiones y respuestas unánimes o definitivas. Su razón de ser sigue vigente como medio para la racionalización y el ordenamiento de todas las posibilidades de conocimiento, desde las distintas perspectivas del lenguaje y del saber.

Las filosofías, todavía se abrogan la tarea de responder, con rigor, las más difíciles y esenciales preguntas del ser humano sobre la vida y los misterios: ¿Cuál es el principio ordenador de la realidad del mundo? ¿Cuál es el sentido de la existencia del hombre? ¿Cómo encarar la búsqueda de la verdad con las diversas lógicas y los métodos disponibles? Junto con sus peculiaridades primigenias son parte de su objeto de estudio los desarrollos de conceptualizaciones vinculadas con diferentes parcelas del saber y del conocer.[1] Por esta vía es posible constatar la existencia de múltiples filosofías: filosofía del conocimiento, antropología filosófica, filosofía de la naturaleza, de la ciencia, de la educación, de la religión, de la psicología, de la historia y del arte. Paradójicamente, no existiría una filosofía de la filosofía, como teoría para delimitar lo propiamente filosófico, con lo cual, todavía parece discutible la presunta inexistencia de filosofías en el mundo oriental, cuyas formas de acceder y divulgar el conocimiento abarcan formas disímiles con orientaciones de diferente tinte con relación a las concepciones del mundo occidental. Cabría preguntarse entonces, no sobre la formalidad y la nominación de aquello definido como filosofía, sino sobre la naturaleza, las formas y sus propósitos, como vía para establecer similitudes entre las inquisiciones de los hombres y escuelas de pensamiento de ambos mundos.

  Un inventario general y provisional del conocimiento filosófico y psicológico, debería considerar los aportes del antiguo Oriente: Egipto, Babilonia, China, India, a la filosofía universal, al conocimiento de la psique humana y de los valores eternos y primeros del hombre, por motivo de sus previos desarrollos a los de la filosofía griega,[2] sin desconsiderar otros posibles aportes de regiones y países. No es este uno de los propósitos de estas elucidaciones. Bastarán para nuestra argumentación la reseña de significativos aportes de la filosofía de la India y de China, imprescindibles en el contexto filosófico y psicológico en los cuales se expone nuestro interés por el conocer sobre la unidad de la materia el acceso diverso al conocimiento de inobservable, el comercio del pensamiento con lo imperceptible del mundo y los fenómenos relacionados con el alma humana, la energía psíquica y las potencialidades cognitivas de lo inconsciente, como parte constitutiva de la totalidad de la psique.[3]

Es observable que la filosofía, como forma de pensamiento escrutador, con el cual se construyen y se proclaman verdades y pareceres, se desarrolló con un ostensible carácter ético, tanto en el mundo oriental como en el occidental; tal es apreciable en las escrituras védicas,[4] en el jainismo,[5] en el budismo y en los desarrollos iniciales de la filosofía griega. Desarrollos posteriores, en el mundo occidental, reflejan diversas percepciones orientadas hacia la distinción de la naturaleza esencial de las cosas, como principios de un conocimiento empeñado en desestructurar la realidad para quintaesenciarla, conforme a la naturaleza de sus sustancias, fueren estas de origen material o en sentido contrario, de basamento ideal, como fue la evolución de los fundamentos de las filosofías del mundo mediterráneo.

Expresión de los desarrollos de la filosofía, en los diversos campos del conocimiento son: la lógica formal, la lógica gramatical, desarrollos particulares en la lingüística, la semántica, el materialismo dialéctico, la filosofía de la historia, de la educación y del arte. La filosofía se ha constituido como un entramado conceptual y en un medio, para clarificar los propósitos particulares y el alcance de cada ciencia, y como método general orientado hacia la búsqueda de la intersubjetividad, con relación a los diversos conocimientos y saberes humanos. 

El conocimiento de las convenciones de las varias filosofías, permite la construcción y desconstrucción de verdades, siempre relativas a su contexto lógico. De este modo, la filosofía sigue desempeñado una importante función para la comprensión y como desarrollo de una determinada lógica, desde la cual es posible la investigación de problemas epistemológicos de las ciencias en general. Parece claro que la filosofía no es parcelable en propósitos únicos de conocimiento ni reducibles los saberes filosóficos a una sola filosofía.

Desconcertantes fenómenos de la física contemporánea, referidos a la teoría de la relatividad y de la mecánica cuántica,[6] en particular, los casos del principio de incertidumbre de Heisenberg;[7] el principio de la dualidad onda partícula,[8] o la posibilidad y la teoría de los múltiples universos,[9] e incluso el fenómeno conocido como el entrelazamiento, permiten reconocer el carácter metafísico de algunos postulados fundamentales de la ciencia contemporánea, como en la antigüedad pudieren haber sido considerados los conocimientos de filósofos presocráticos y aún los de los escolásticos. Todas estas concepciones y principios sugieren, sin ambages y desde la propia realidad de la ciencia, el reconocimiento de realidades inescrutables, cuyo conocimiento está más allá de lo físico, con lo cual se plantea la posibilidad de reencontrar otros posibles modos de conocer, distintos de la razón.



[1]  En el idioma castellano, saber y conocer tienen distinto significado. Saber se asume como una estructura de contenido amplio para denotar la posesión de muchos conocimientos empíricos o saberes. En sentido contrario, conocer implica, saber con rigor, poco o mucho de algo. Conocer, afirma Luis Villoro, no es una suma de saberes, sino una fuente de ellos. Conocer supone tener un modo para relacionar cualquier saber de algo con lo demás. Villoro, Luis. CREER SABER Y CONOCER Editorial Siglo XXI de España editores S.A. 1996, (p. 205)

 

[2]                 M. Tovchuk (1980). HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. Editorial Progreso. Moscú. 1980. Tomo I. (p.19)   

 

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