Mixturas energéticas del alma


                                                                                    

Como el alma constituye un dato irracional, y no puede en modo alguno asimilarse, según el antiguo modelo, a una razón más o menos divina, no cabe extrañarse de que la experiencia psicológica de modo extremo frecuente, se encuentre uno con procesos y vivencias que no se corresponden con nuestras expectativas razonables y son por consiguiente rechazados por nuestra conciencia, orientada según la razón. Esta aptitud racionalista es, naturalmente, inepta para la observación psicológica, ya que resulta en gran medida anticientífica.                                                                              

                                                                      

                                                                                                                                                  Carl Gustav Jung     



¿Habrá en la tierra algo sagrado o algo que no lo sea?

                                                      

Jorge Luis. Borges

 


Henry Tovar

1.             Ser hombre, ser humano, se expresa con la vivencia de la plenitud. Ella refleja la capacidad de poder sentir, percibir, pensar e intuir, como potestades inseparables de su conciencia, de su ser o bien de su alma. Por ello es inconcebible una ciencia sobre el hombre o una psicología, sin el reconocimiento de la existencia del alma, como una parte cognoscible, tal vez la menos, y la más compleja de su ser. Aquella a la cual se refiere el médico suizo, como sinónimo de psique, y no como dato especulativo o irracional, cuya trascendencia, más allá de esta vida, sería el motivo de estudio más serio y acaso más grande para la sapiencia.

2.             El alma, como un atributo humano, es un hecho incontestable, llámese alma o psique. Tampoco cabe dudar de su naturaleza energética y etérea, como síntesis perceptible de todas las formas anímicas de energía existentes en él, llámense ideas, sentimientos, pasiones, intuición, instintos, deseos o percepciones. Todas ellas y otras la constituyen. El cuerpo contiene al hombre, al homo sapiens (sólo en y desde nuestro desvariado lar natal, debemos hacer esta acotación). Pero el hombre, el ser humano es su alma. Exquisita o nimia distinción, dentro del ser como parte energética de un todo dentro del cosmos. Esa pareciera ser una orientación hacia la cual apuntan grandes revelaciones antiguas y las preguntas más recientes e importantes de la ciencia. ¿Será la energía humana, parte de un Campo Unificado[1] de energías cósmicas o acaso una forma única, y por tal diferente y particular, de las formas energéticas del universo?[2]

3.             Mientras más escarba el ser humano en el conocimiento de los misterios de la vida y del cosmos, más distante e insegura se vuelve cualquier revelación en torno a ella. A pesar de la progresiva ampliación de nuestros saberes, la vida no ha dejado de ser un misterio. Se plantea, por consecuencia,  la necesidad de una mayor complementariedad entre la razón y la intuición. El surgimiento de conocimientos inverificables, desde la ciencia, constituye un desafío para el intelecto. Por los mayores descubrimientos de la ciencia, la razón se ha hecho tornado angosta, pequeña e imposible para reducir el misterio de la existencia, a meros procesos fisicoquímicos, como se ha pretendido, desde el inicio de la modernidad. La complejidad y el misterio de la vida siempre serán. Pero el ser humano debe y puede recuperar la capacidad de la naturaleza para redescubrir verdades, reconociéndose como parte de ese orden para reconocerse y transformarse dentro de él, cual es la razón primera de algunas filosofías orientales. 

       A pesar de la contumaz indiferencia, de algunos enclaves de la ciencia; pareciéramos aproximarnos a determinados puntos de encuentro y reflexión,[3] entre la razón y la intuición, y de modo general, entre las ciencias y las descripciones casuísticas del misticismo eterno. Valga recordar que el pensamiento o la razón es tan joven como la escritura: un feliz accidente en la historia de la vida. Por tal motivo se requiere salir de la circunvolución y la impotencia de la razón, como fuente única, eficiente y definitiva de todo conocimiento.

4.             Por de pronto, la filosofía pareciera agotarse en la razón y la ciencia constreñirse o limitarse en sus conocidos métodos. Por ese motivo, como señala Eddington,[4] cuando sugiere la necesidad de cambiar el punto de apoyo de la ciencia o fuera de ella, pareciera necesario: “Volver a la conciencia humana como punto de partida”[5] en la búsqueda de verdades que la física, -y agregaríamos a la filosofía-, no pueden ofrecer. Es posible -dice-. “Por mucho que las ramas actuales [de la física] puedan ampliarse con nuevos descubrimientos científicos, no pueden por su propia naturaleza llegar a traspasar los lindes del trasfondo en el que se asienta su ser.[6]

5.             La coincidencia de planteamientos antiguos, acerca de la naturaleza de la materia, el cosmos y el hombre, observables en el misticismo eterno y desde las filosofías primigenias, con registros contemporáneos, visibles en las formulaciones matemáticas de la física cuántica; junto con el reconocimiento de grandes científicos,[7] acerca de la incapacidad de cualquier física, para estudiar la realidad concreta, obligan a replantear la posibilidad de encontrar nuevos rumbos en la búsqueda del conocimiento. Para ello el hombre requiere reconquistar su plenitud humana, y con ella, su capacidad para intuir.

6.      No deja de sorprender cuán lejos estamos de conocernos y de la recurrente sorpresa ajena, en torno a la brújula de la psique y la consiguiente pregunta: ¿Cómo así? ¿Pensar, intuir, percibir y sentir?, donde el intuir pareciera una palabra clave de vago sentido y de casi inoficiosa significación o trascendencia. Se sabe que la intuición pura constituye una capacidad para saber de modo inmediato, cierto y certero e independiente del razonamiento. Se nos presenta como revelación durante la vigilia y a veces como descubrimiento o premonición durante un sueño. La intuición pareciera surgir como la expresión orgánica y finita del contraste de sentimientos y humanas energías. Pareciera constituir el lenguaje secreto del alma, sustentado en sentimientos. Pareciera, asimismo, convicción latente, acerca de subliminales e inconscientes significados. 

7.   Quien intuye se admira de su potestad, presencia, verosimilitud y anterioridad al conocer, como forma de inferencia. Podría intuirse como función energética ilocalizada en algún lugar del cuerpo. Nadie de sensato juicio podría dudar de su existencia. Es, junto con la noción y la percepción del alma, una derivación y consecuencia de ella, en tanto se despliega en forma de presentimientos y sentimientos. La intuición es sentir y presentir de un saber corporal, dentro de sentires más próximos a las funciones del corazón y menos del cerebro. Esa capacidad está presente en los animales superiores y dentro ellos en el hombre, cuya función, al parecer, se debilitó con el desarrollo de sus capacidades para pensar y hablar. El lenguaje y el pensamiento, sabido es, son adquisiciones culturales del ser humano, evolutivamente recientes. Por ellos, se hace posible el ejercicio y el discurrir de la conciencia. El razonamiento, es solo posible, por la existencia de las palabras con sus correspondientes o múltiples significados.

8. Quien intuye se admira de su potestad, presencia, verosimilitud y anterioridad al conocer, como forma de inferencia. Podría intuirse como función energética ilocalizada en algún lugar del cuerpo. Nadie de sensato juicio podría dudar de su existencia. Es, junto con la noción y la percepción del alma, una derivación y consecuencia de ella, en tanto se despliega en forma de presentimientos y sentimientos. La intuición es sentir y presentir de un saber corporal, dentro de sentires más próximos a las funciones del corazón y menos del cerebro. Esa capacidad está presente en los animales superiores y dentro ellos en el hombre, cuya función, al parecer, se debilitó con el desarrollo de sus capacidades para pensar y hablar. 

 9.  El lenguaje y el pensamiento, sabido es, son adquisiciones culturales del ser humano, evolutivamente recientes. Por ellos, se hace posible el ejercicio y el discurrir de la conciencia. El razonamiento, es solo posible, por la existencia de las palabras con sus correspondientes o múltiples significados      ¿Qué cosas superiores intuye el hombre? ¿Cuáles son las primeras y más importantes e inopinadas intuiciones del ser humano? El hombre intuye la potestad inapelable y superior de la vida. Intuye la sacralidad de todo lo existente y se intuye como parte inseparable de la naturaleza y el cosmos, a través de la numinosidad y de la perplejidad surgida ante el milagro de su propia existencia. Vislumbra la posibilidad y la necesidad de su hacer y la presencia y la vivencia del amor; la magnanimidad del bien y la incongruencia del mal. El hombre descubre lo trascendente del ser, la necesidad de su evolución y su insoslayable trascendencia. El venir o el devenir en el mundo como instancia transitoria. Un orden sumo. La necesidad y el valor superior de la libertad y de la justicia. La afinidad y el rechazo. La certeza de la bondad y de la maldad, como principios categóricos comprensibles y existentes a priori dentro del sentir del ser humano.

10.  El conocimiento del alma, como múltiples, prodigiosas y divinas energías, es una vivencia interior y anterior a toda forma de conciencia. Se percibe por la propia experiencia y por un proceso de comprensión incluyente de la intuición, como saber indiviso, latente, recóndito, omnipresente, al margen y distinto y ausente de pensamiento. Sé de mi sentir y mi presencia silente, sé, soy o percibo. Me diviso dentro de una realidad ajena y distinta de mí. Sé de mi presencia dentro del instante como exhalación de vida silenciosa. Se siente amor, tristeza o rabia. No se piensa paz, felicidad, alegría o serenidad. El alma y los atributos del alma, se perciben, se sienten, no se piensan. El razonamiento, sobre los componentes del alma, es una instancia necesaria de conocimiento. No la única. El alma humana, como sujeto de estudios, es comprensible como la unidad de una mixtura de energías en estable o inestable equilibrio. Este es uno de los supuestos fundamentales de la vertiente de la psicología analítica, liderada por Carl G. Jung.   



[1] La concepción del Campo Unificado, desde la física cuántica, constituye el intento de comprender el comportamiento de la energía dentro una sola regularidad tempo-espacial. Actualmente, se considera que las cuatro fuerzas fundamentales de la energía: fuerza nuclear fuerte, fuerza nuclear débil, fuerza electromagnética y fuerza gravitacional, constituyen diferentes manifestaciones de un único campo universal de energías.      

 

[2] Una concepción energética antiquísima del Hatha Yoga, en la india, supone que todo organismo viviente es tal, por motivo de la existencia de una energía sutil denominada Prana o energía vital.     

  [3] D

[4] Arthur Stanley Eddington (1882-1944), astrofísico británico, filósofo y físico y místico. Fue miembro de once Academias de ciencias internacionales. Autor de la llamada Luminosidad o Límite de Eddington, cual sería el límite teórico de máxima luminosidad emitible por una estrella, conforme a parámetros como su masa o su composición química, entre otros.  

 

[5] «hemos tenido ocasión de aprender que la exploración del mundo exterior con los métodos de la ciencia física no nos lleva a encontrarnos con la realidad concreta, sino con un mundo de sombras y símbolos, por debajo de los cuales aquellos métodos no resultan ya adecuados para seguir penetrando. Con la sensación de que debe haber algo más detrás, volvemos a la conciencia humana como punto de partida, al único centro donde podríamos encontrar algo más y llegarlo a conocer… Ken Wilber. Cuestiones cuánticas. Sub título: Escritos místicos de los físicos más famosos del mundo p17

 

[6] Ídem

[7]

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